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26 de junio de 2015

DEL CARÁCTER POLÍTICO DE LA CORTE DE CONSTITUCIONALIDAD DE GUATEMALA

Por Mario Sosa

En el artículo Corte política de constitucionalidad en Guatemala[1] escrito en mayo de 2013, hacía un análisis con relación al carácter político que cumplía la Corte de Constitucionalidad (CC) en el caso que retrotraía el juicio a Ríos Montt, acusado de genocidio y que había sido declarado culpable por el Tribunal Primero A de Mayor Riesgo, el cual lo sentenció a 80 años de cárcel inconmutables[2]. En ese entonces afirmaba que dicha resolución correspondía a una orden emanada de quienes históricamente han tenido capacidad de veto en el país, es decir, la oligarquía, en este caso articulada en el Comité Coordinador de Asociación Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras –CACIF. Era claro como la condena por genocidio contra Ríos Montt, atentaba en contra del régimen político que, en su carácter contrainsurgente, garantizó el dominio de dicha oligarquía.

En 2014 escribí un nuevo artículo titulado Golpe institucional de la Corte política de Constitucionalidad en Guatemala[3].  En ese entonces argumenté cómo el 5 de febrero de 2014, la CC había realizado un golpe institucional en contra de otro organismo del Estado: el Ministerio Público. Esto debido a su resolución de acortar el período de cuatro años para el que había sido designada Claudia Paz y Paz, Fiscal General de la Nación en ese momento, con lo cual atentó contra de la autonomía –de carácter constitucional– del Ministerio Público. Eso sucedió como un hecho protagonizado por las fuerzas de poder histórico y oscuras –hoy reveladas con el descubrimiento de redes de corrupción y crimen en las altas esferas del Estado– quienes lograron quitarse del camino a una fiscal que había recuperado la autonomía de la Fiscalía y  hacerla eficiente y eficaz en la persecución del delito, especialmente con respecto a quienes históricamente han tenido la capacidad de dirigir al Estado, desde la escena pública o tras bambalinas. El objetivo de quienes promovieron este golpe fue retomar el control del Ministerio Público, para garantizarse impunidad y orientar la persecución judicial solamente contra aquellos que resultaban incómodos a sus objetivos de acumulación y dominio.

Un nuevo fallo revela el carácter político de la CC. Es el amparo provisional otorgado el 22 de junio a la abogada Karen Fisher, el cual suspende el proceso de antejuicio contra el presidente Otto Pérez Molina, abierto por la Corte Suprema de Justicia (CSJ) con base en denuncia y solicitud del diputado Amílcar Pop.

En este caso la argumentación jurídica de la CC se refiere a que la CSJ vulneró garantías constitucionales al enviar el expediente al Congreso de la República y poner en riesgo la institucionalidad del país, siendo que prejuzgó al gobernante y no lo protegió al no haber elementos de presunción establecidos plenamente. Esta decisión dividida (tres magistrados votaron a favor y dos en contra) fue protagonizada con el voto favorable de los magistrados Héctor Pérez Aguilera, Roberto Molina Barreto y María de los Ángeles Araujo Bohr. De los dos primero se sabe públicamente de sus vínculos con intereses cuestionables.

Sin embargo, pronto la magistrada Gloria Porras, presidenta de la CC –quien no participó en dicha decisión por estar fuera del país– calificó el amparo como un hecho político y no jurídico. “Se está decidiendo políticamente en un asunto que debiera ser resuelto jurídicamente”, declaró Gloria Porras, quien intentó sin lograrlo que la resolución definitiva se agilizara. Su argumentación se fundamentó en que la abogada Fisher carecía de legitimidad procesal para interponer este recurso de amparo, el cual correspondía directamente al agraviado, es decir, al presidente Pérez Molina. De inmediato, el Ministerio Público ha pedido a la CC que revoque tal decisión, ubicándose jurídicamente en el ámbito de cuestiona la resolución política del órgano constitucional.

Más allá de los vericuetos jurídicos, la denuncia de la presidenta de la CC, evidencia algo que ya sabíamos y habíamos afirmado: este organismo es un ente no solamente jurídico sino también político. Esta denuncia cuestiona el dogma de quienes han fetichizado a la CC como un órgano exclusivamente jurídico y defensor de la constitucionalidad del país. Confirma, desde una voz constitucionalista e interna a la CC, no solamente la tesis de los dos artículos referidos en el inicio de este análisis, sino también los cuestionamientos y las resoluciones que dicho organismo decidió con relación a recursos de constitucionalidad interpuestos por organizaciones sociales en contra de políticas, decisiones gubernamentales y leyes que avalan y protegen los intereses capitalistas vinculados con proyectos extractivas, entre otros.

La resolución de la CC es evidentemente un hecho profundamente ilegítimo.

En esta coyuntura el Estado vive una crisis política. Las denunciadas, descubrimiento y capturadas de una serie de redes de crimen y corrupción, con vínculos políticos y delincuenciales directos con los más altos funcionarios públicos del organismo ejecutivo, judicial y legislativo, han generado que el gobierno actual, el partido de gobierno (PP) y los demás organismos del Estado, entre en una crisis política e institucional de primer orden.  

En el caso particular, el presidente de la república está comprometido, debido a las evidencias que podrían implicarlo judicialmente en los hechos de corrupción descubiertos. Esto no solamente lo cuestiona políticamente, sino también judicialmente, por lo que dilucidar las judiciales en particular, debiera transcurrir a través de una investigación y, de encontrarse las bases suficientes, a través de un juicio en condiciones similares a las de cualquier ciudadano. Esto es lo que impide la CC con su resolución y, con el tiempo largo que puede transcurrir para que resuelva en definitiva el amparo provisional concedido.

Esta crisis, además, se agudiza por el surgimiento de un movimiento ciudadano de indignados que no solamente exigen la renuncia del presidente, sino también exigen reformas profundas al Estado e, inclusive, su refundación a través de una Asamblea Nacional Constituyente.

En este marco, la resolución de la CC constituye un hecho que tiende a garantizar la continuidad de la impunidad, proteger funcionarios corruptos e impedir un cauce necesario a las demandas ciudadanas masivas. Constituye un nuevo fallo político para beneficiar a un gobierno corrupto y gestionar la decisión de sostener al actual gobierno que han hecho pública tanto el CACIF, la Embajada estadounidense y varios partidos políticos. Son estos actores quienes apuestan a evitar la caída de Otto Pérez Molina, con lo cual tendrían mejores condiciones para controlar la crisis a su favor y evitar consecuencias inmediatas o mediatas que podría tener su renuncia –o derrocamiento- y enjuiciamiento.

En su carácter político, la resolución de la CC evidencia que su creación a partir de la Constitución Política de la República de Guatemala (1985), se orientó a gestar una especie de organismo superior en materia constitucional, que protegiera no solo el llamado Estado de derecho al servicio de las clases dominantes, del capital local y transnacional, sino también a los funcionarios encargados de garantizar el régimen político y económico. Por eso, en el artículo de 2014, insistía en recordar que la CC es parte de un andamiaje jurídico que al proceder de una Asamblea Nacional Constituyente en manos de la oligarquía y el ejército, tutelada por Estados Unidos, “fue pensada como un organismo […] encargado de avalar aquellas decisiones trascendentes orientadas a la defensa del statu quo. Por eso, antes que un ente jurídico, debe ser entendido como un ente político, cuya orientación se explica en la coyuntura política, en la correlación de fuerzas realmente existente en el país, que en este caso favorece al capital, a la burguesía, a la oligarquía en particular, a los operadores políticos, a sus operadores contrainsurgentes, y a las mafias que devendrán en capitales “honorables” con el transcurrir del tiempo.”

Por último, la resolución de la CC evidencia, asimismo, de la necesidad de una refundación profunda del Estado, que entre otros asuntos, se plantee su supresión. La CC no es un organismo que deba ser objeto de rescate. Es un organismo que, en tanto gesta un régimen político caduco, debe ser desechado en una Asamblea Nacional Constituyente, en la cual geste una nueva Constitución Política.

Las razones históricas, económicas, sociales, políticas y jurídicas para una nueva Constitución Política en Guatemala son evidentes al observar el conjunto de variables que confluyen en este momento de crisis política y que son asumidas por un conjunto de expresiones sociopolítica, como la Asamblea Social y Popular, de la cual escribiremos en los próximos días.




[2] La Corte de Constitucionalidad, tribunal encargado de garantizar el orden constitucional, ha devenido en el órgano al cual acuden por cualquier asunto contrario a sus intereses, grupos corporativos, empresarios, políticos y, como en este caso, operadores jurídicos que intentan garantizar impunidad a sus defendidos después de haber sido hallados culpables por tribunal competente. Esto debido, como ha sido usual, a que la Corte de Constitucionalidad gesta la vigencia de una Constitución Política de la República (1985) que garantiza la continuidad del régimen económico y social imperante y que deviene de la política contrainsurgente instituida por el Estado guatemalteco antes y posterior a la aprobación de dicho instrumento jurídico-político.

27 de abril de 2015

APORTES AL ANÁLISIS DEL MOMENTO POLÍTICO EN GUATEMALA

Mario Sosa

Miles de guatemaltecos se sintieron convocados y se movilizaron el 25 de abril (25-A-2015) para manifestar su rechazo rotundo a la corrupción en el gobierno de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

El detonante que motivó esta acción colectiva fue la captura de una red criminal, denominada “La Línea”, la cual operaba en la Secretaría de Administración Tributaria (SAT), en varias aduanas y puertos del país. En esta estructura resultaron involucrados funcionarios de alto rango como el Secretario Privado de la Vicepresidencia, el titular de la SAT y su ex director, así como directores de aduanas y puertos, además de funcionarios menores. Fue relevante, asimismo, que en dicha estructura participaban personas vinculadas a estructuras contrainsurgentes y criminales manejadas por ex militares de mediano rango, como el Teniente “Jerez”, y de alto rango de viejo cuño golpista y mafioso. Están involucrados asimismo, empresarios que han sido tan corruptos y responsables como los funcionarios detenidos, y seguramente redes de tráfico ilegal de drogas que pudieron haber hecho uso de esta estructura.

La red criminal estaba ligada, íntimamente, a la Vicepresidenta Roxana Baldetti, como al Presidente, Otto Pérez Molina, siendo que el supuesto jefe de la red criminal era el mismo Secretario Privado de la Vicepresidenta, Juan Carlos Monzón, así como otros personajes involucrados en negocios personales de ambos funcionarios.  Hay indicios, por grabaciones a la red criminal, que en esta pudieran estar involucrados directamente el Presidente y la Vicepresidenta, lo cual no obstante, ya se maneja como vox populi y es parte de las motivaciones para la movilización social.

Más allá del hecho, interesa en este artículo hacer un conjunto de reflexiones sobre la coyuntura, que pudieran ser útiles para pensar en nuestro posicionamiento y orientación política:

1.      Judicialmente hace falta determinar hasta donde están involucrados el Presidente y la Vicepresidenta de la República. Esto pasa por la captura del prófugo Secretario Privado de la Vicepresidente, quien fue alertado por esta funcionaria estando ambos en un viaje en Corea del Sur. Asimismo, pasa por el compromiso real de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (organismo de la ONU gestado para contribuir en la investigación de grupos criminales en el país, siendo las graves falencias del sistema judicial guatemalteco) y el Ministerio Público por investigar a fondo. También por establecer hasta donde la acción de estos organismo está o no condicionada por fuerzas de poder reales como la Embajada de Estados Unidos y el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras –CACIF. En este sentido la vigilancia y el seguimiento judicial por parte de la ciudadanía es esencial en este sentido.

2.      La movilización tuvo como punto de encuentro la protesta y exigencia de renuncia hacia la Vicepresidenta y el Presidente. En general hubo poco protagonismo de fuerzas sociales y políticas convocando. Los partidos políticos no fueron para nada visibles, lo cual se podría interpretar como auto exclusión siendo el rechazo del cual gozan estas fichas o empresas electorales.

3.      La protesta fue una muestra de indignación por un conglomerado social multi clasista, multi identitario y multi ideológico. Una movilización ciudadana, sin más, donde lo que dominó fue la idea de ser parte de un pueblo indignado.  Aun cuando se replicó también en buen número de cabeceras departamentales, en la misma hicieron falta –por imposibilidad para movilizarse hasta esos espacios de centralidad– millones de guatemaltecos que se han visto afectados por la política del gobierno de Otto Pérez, que ha impuesto a fuerza de represión un modelo de acumulación de capital afincado en la explotación de la clase trabajadora y el expolio de los recursos naturales; asimismo, conglomerados que también cuestionan la corrupción y exigen la  renuncia de los mandatarios, pero que viven en el área rural y lugares lejanos de los centros de convocatoria.

4.      Esta movilización careció de conducción política (lo cual siempre debemos dudar, especialmente por como mueven sus hilos quienes tienen el poder real en esta país: la oligarquía, G-8 o CACIF). Se careció, igualmente, de un planteamiento que trascendiera la sola exigencia de la renuncia y que propusiera un camino más claro a seguir. Esto en buena medida se debió al desprestigio en general del sistema de partidos políticos y muchos de los autodenominados líderes. Asimismo, al tino de coincidir en la búsqueda de denunciar al gobierno, exigir la renuncia de la Vicepresidente y el Presidente, y dar un golpe certero al gobierno y las pretensiones de su partido político, el Partido Patriota (PP), para seguir gobernando.


5.      La movilización del 25 de abril asestó un duro golpe político –y mediático– al PP. Días antes había experimentado la renuncia de su presidenciable, el oligarca Alejando Sinibaldi, alcaldes, militantes, así como varios diputados que se habían insertado en dicho partido y en el organismo legislativo como operadores de grupos corporativos y del CACIF. Se prevé que otros diputados e inclusive algún ministro, presente su renuncia en los próximos días. En este momento, puede afirmarse, dicho partido resulta inviable como instrumento político y confirma la tendencia a que ningún partido que ha gobernado, vuelva a ganar una elección presidencial. Además, sus altos funcionarios quedan sujetos a investigación en lo que resta del periodo presidencial –tiempo durante el cual el Presidente y Vicepresidenta gozan de antejuicio- o posteriormente, siendo que la CICIG operará en el país por dos años más.


6.      El Partido Líder y su candidato Manuel Baldizón quedaron evidenciados en su alianza con el Partido Patriota. No se ha pronunciado ante el grave hecho político-criminal, mientras los medios masivos vinculados a esta fuerza política invisibilizaron la protesta y exigencia de renuncia a los altos funcionarios implicados políticamente. Manuel Baldizón, además de liderar las encuestas referidas a las fuerzas en contienda hacia la elección de septiembre de este año, ha venido haciendo negociaciones con el actual gobierno tanto en el Congreso como en el organismo ejecutivo, con el objetivo de empezar a presionar por una política en función de sus intereses ante un eventual gobierno encabezado por él. La alianza PP-Líder se mantiene y sostiene al gobierno actual, mientras la oposición más incisiva expresada en el partido Unidad Nacional de la Esperanza –UNE–, no constituye una alternativa, siendo que es una fuerza acuerpada por diputados tránsfugas –inclusive provenientes del mismo PP- y aliado con una de los grupos corporativos de cuño oligárquico en el país.

7.      El carácter histórico de esta marcha ciudadana, podría abonar a la búsqueda de la oligarquía local que pretende reformar el Estado a su conveniencia. Es evidente como la oligarquía, no obstante que sigue dando curso histórico al Estado, ha estado enfrentando la disputa y pérdida parcial en el control de la institucionalidad pública: Quienes han estado disputándole ese control son, por un lado, burguesías emergentes devenidas de los negocios en el mismo aparato estatal y de los negocios del narcotráfico, y en segundo lugar, por elites militares, una de las cuales es  encabeza el mismo Presidente de la República. La reforma desde la oligarquía, si bien se orientaría a mermar sustancialmente el poder de las mafias y las elites militares, dejaría intacto el Estado como un reproductor del modelo de acumulación de capital vigente. En la coyuntura actual esto sería lo más probable si es que logran potenciar el descontento y movilización a su favor y en esa dirección.

8.      La izquierda política y social, por su parte, experimenta una profunda debilidad devenida de sus problemas ideológicos y políticos. Su fuerza es marginal debido, en parte, a su fragmentación. No obstante, la coyuntura política abre la posibilidad para su articulación. Está por verse hasta donde logra gestar un acuerdo político y por consiguiente un camino propio para orientar y aprovechar a su favor estas y las futuras movilizaciones desde los intereses de la clase trabajadora del campo y la ciudad y de los pueblos originarios.

9.      Sin duda, una exigencia es que la investigación criminal llegue hasta donde deba llegar, incluso hasta el Presidente de la República. Debe investigarse la línea y vínculo de la red criminal detectada con los ámbitos y funcionarios más altos de este gobierno. Esto con el objeto de desmontar las redes de corrupción y crimen, que están vinculadas con criminales devenidos de la política terror estatal durante el enfrentamiento armado interno, así como con las redes que se aprovecharon y aprovechan de la militarización, la privatización, las concesiones, los fideicomisos, etc.  Asimismo, que se revele y procese a los empresarios y empresas involucradas.

10.  Sin embargo, la perspectiva debiera trascender la mirada en torno al hecho de corrupción y la exigencia de renuncia del Presidente y la Vicepresidenta, y la investigación y captura de estas y otras redes criminales. Esto sólo es parte de la agenda de corto plazo. En ese sentido es necesario pensar sobre el qué hacer desde quienes en general nos situamos en el polo popular de la lucha política. En ese sentido, surgen las siguientes preguntas íntimamente relacionadas:

¿Cuál va a ser el acuerdo para transformar al Estado corporativo construido y manejado históricamente por la oligarquía (hoy G-8 y CACIF) y por el imperio estadounidense?

¿Cuál va a ser el acuerdo para transformar al Estado militarizado, característica devenida de la alianza entre el grupo dirigente del empresariado y militares contrainsurgentes?

¿Cuál va a ser el acuerdo para transformar el Estado cooptado por el crimen organizado?

¿Cuál va a ser nuestro proyecto político, el de la clase trabajadora, los pueblos, así como de múltiples sectores populares y sociales que planteamos la necesaria transformación del país?

11.  Hoy muchos hablan de la reforma del Estado, de la refundación del Estado. El CACIF ha planteado una profunda reforma, y seguro la promoverá desde sus intereses de clase social. En esta lógica y como satélites del planteamiento conservador aparecen diferentes universidades, fundaciones, ONG y “movimientos”, como el Movimiento Cívico Nacional. También existen otros actores que están gestando o haciendo planteamientos con un carácter, diríamos, progresista, pero sin fuerza y claridad política alternativa: sin sujeto político. Hace falta que el polo popular geste su propia propuesta, de este o de otro tipo, con este nombre o con otro, pero orientada a transformar el país y desde los sujetos históricamente explotados y oprimidos.

Valgan estas reflexiones para sumar al análisis que necesitamos para enfrentar la coyuntura política actual. Asimismo, como aporte para permitirnos gestar (como proceso) el programa político, la estrategia compartida y el sujeto político articulado.

10 de marzo de 2015

EEUU Y SU CONTINUADA AGRESIÓN A LATINOAMÉRICA

Por Mario Sosa

Continuadas han sido las denuncias y pruebas presentadas por el gobierno de Nicolás Madura, sobre la relación íntima de las fuerzas opositoras y el gobierno de los EEUU, en su búsqueda por derrocarlo a través de un golpe de Estado. Esta política del imperio estadounidense es la continuidad de la estrategia que fue iniciada con la llegada de Hugo Chávez Frías al poder en 1999, debido a que implementó políticas soberanas e independientes. Es parte, además, del continuum injerencista y agresor, aplicado sobre Latinoamérica en su conjunto y sobre otros países en otras regiones del mundo, como sucede en la actualidad con Rusia, Siria, entre otros.

Para el caso de Guatemala, el intervencionismo de Estados Unidos ha sido experimentado a través de acciones político-militares, como sucedió con el derrocamiento del gobierno legítimo de Jacobo Árbenz Guzmán en 1954, y como se repitió a través del financiamiento, asesoría y venta de armamento (de forma cruzada a través de Israel) hacia los gobiernos militares que incurrieron en crímenes de lesa humanidad durante el guerra interna. Asimismo, con acciones de presión “blandas”, como sucede en la actualidad.

Lo anterior viene a colación de la orden presidencial de Obama, del lunes 9 de marzo, en la cual impone  sanciones a funcionarios venezolanos con el falso argumento de sancionar a personas implicadas en la erosión de derechos humanos, la persecución de oponentes políticos, la restricción a la libertad de prensa y el uso de violencia. Argumento falso siendo que el gobierno venezolano ha venido enfrentando a una oposición violenta, que por esta vía ha pretendido derrocarlo. Es decir, ha venido enfrentando los atentados en contra de un gobierno legítimamente electo. Es ese gobierno legítimo y el poder judicial de Venezuela, los que han detenido y sometido a proceso judicial a los líderes opositores golpistas y que han dirigido la “guarimbas”, es decir, hordas que han asesinado a otros ciudadanos venezolanos. Además, la supuesta restricción a la libertad de prensa no puede sino entenderse en un contexto en el cual, los empresarios dueños de los principales medios de difusión masiva, han sido parte de dichas intentonas golpistas, pero donde las críticas al gobierno de Maduro se expresan libremente. Además, está demostrado que han sido las fuerzas desestabilizadoras las que han asesinado a militantes y simpatizantes del gobierno de Nicolás Maduro, y en aquellas excepciones en las cuales policías o militares han sido los responsables, estos han sido sometidos a proceso judicial.

Las justificaciones de la orden de Obama, que constituyen la implementación de una ley estadounidense aprobada por el Congreso estadounidense el 18 de diciembre de 2014, no son más que su deseo por generar una matriz de opinión que justifique la continuidad de su política imperialista. Es una decisión a todas luces abusiva, injerencista y agresiva sobre asuntos y sobre un Estado soberano, como el de la República Bolivariana de Venezuela.

¿Acaso el gobierno de Obama no perseguiría policial y judicialmente a personas, fuerzas políticas o empresas de prensa que estuvieran impulsando acciones para concretar un golpe de Estado en ese país?

Lo más grave de la orden presidencial de Obama, además de la asesoría y financiamiento a buena parte del liderazgo de la oposición venezolana, es el discurso que utiliza en dicha medida, cuando declara la situación en Venezuela como una "amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadounidenses". Y es grave porque las acciones del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela han sido en respuesta a las acciones previas de Estados Unidos: su injerencia a través de la asesoría, financiamiento y conducción de los planes golpistas, así como las sanciones en contra de funcionarios públicos del gobierno legítimo y democráticamente elector de Nicolás Maduro. Y aún más grave, porque al realizar tal declaración, Estados Unidos estaría preparando acciones de distinto orden para derrocar al gobierno de Maduro, incluidas acciones militares.

Es obvio que Venezuela no está amenazando ni tiene la capacidad para amenazar la seguridad nacional de Estados Unidos. Contrario a lo que significan dichas medidas y declaraciones en contra de la República Bolivariana de Venezuela.

La defensa legítima y sin vacilación del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, no se ha hecho esperar. Ha impuesto sanciones a funcionarios y ex funcionarios estadounidenses, por sus acciones injerencistas en contra de Venezuela y por violaciones a Derechos Humanos, como son los casos probados de George W. Bush y Dick Cheney. Ha impuesto condiciones de visado similares a las que exige Estados Unidos a los venezolanos para ingresar a su territorio. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela ha declarado, asimismo, que Estados Unidos no tiene ninguna jurisdicción para imponer ninguna ley, norma o sanción contra la institucionalidad y soberanía de Venezuela. Y como respuesta inmediata a la medida de Obama del lunes 9 de marzo, ha llamado a consulta inmediata a su encargado de negocios en Estados Unidos.

A la acción injerencista de Estados Unidos ha correspondido la reacción legítima, digna y soberana de la República Bolivariana de Venezuela, así como el respaldo de bloques regionales como el de UNASUR al gobierno de Nicolás Maduro ante las intentonas golpistas.

Con la agresión e injerencia contra la República Bolivariana de Venezuela a manos de Estados Unidos, este país agrede nuevamente a Latinoamérica. Ojalá los gobiernos democráticos y progresistas de la Patria Grande y sobre todo los pueblos latinoamericanos, estemos a la altura para responder contundente y unitariamente a esta nueva agresión, en el entendido que una agresión a la República Bolivariana de Venezuela es una agresión contra todos nuestros pueblos.


29 de julio de 2014

Estado de Israel y sus crímenes de guerra

El Estado de Israel, aplica a la perfección la política nazi implementada por Adolf Hitler durante la II Guerra Mundial: exterminio contra el pueblo considerado enemigo.
Hitler decidió y aplicó la política de exterminio contra el pueblo judío y siguiéndolos pasos de su verdugo, el Estado de Israel ha decidido aniquilar al pueblo palestino.

Los bombardeos y asesinatos cometidos por el Estado de Israel en contra del pueblo palestino en esta etapa de invasión a Gaza, son actos
inhumanos, inclementes, racistas y  criminales. Sin duda, son parte de una política decidida, planificada e implementada para apropiarse de todo el territorio perteneciente al pueblo palestino.

Además de exigir el cese de la agresión y la salida del ejército israelí del territorio palestino, se impone la demanda para que los principales dirigentes del Estado de Israel sean juzgados como criminales de guerra, por delito de lesa humanidad.

Solidaridad para el pueblo palestino que resiste legítimamente.

Solidaridad para la resistencia popular que desde el seno del pueblo judío se opone a estos actos de barbarie y se hermanan con el pueblo palestino.

13 de marzo de 2014

FMLN: TRIUNFO LEGAL Y LEGÍTIMO

Por Mario Sosa

Es indudable que el triunfo del FMLN y su candidato, Salvador Sánchez Cerén, fue absolutamente legal y legítima. Triunfa con el 50.11% de los votos, con una ventaja de 6 mil 364 votos arriba de ARENA, el partido de derecha.

Así lo constatan misiones nacionales e internacionales de observación electoral, quienes han catalogado el sistema electoral como transparente, confiable y seguro, y las elecciones como un proceso limpio. Así los constatan el Tribunal Supremo Electoral, la Fiscalía General de la República, e instituciones académicas como la Universidad Centro Americana "José Simeón Cañas" (la UCA de El Salvador). Así se constata, igualmente, en la legislación salvadoreña 

Es indudable, asimismo, la legitimidad del triunfo del FMLN, porque fue conforme a ley, por un lado, y conforme a justicia. La mayoría votó por el FMLN y punto.

El hecho que la derecha de ARENA grite y patalee, y que haya obtenido el 49.89% de la votación, no es factor para considerar que el triunfo del FMLN es ilegítimo, como algunos pretenderían.

Ilegítima es la pretensión de la derecha de ARENA, de imponerse por sobre el voto mayoritario, que dio el triunfo al FMLN. Ilegítima es la pretensión de ARENA cuando plantea procedimientos contrarios a la legislación salvadoreña, aprobada por ellos, por cierto. Ilegítima es la acusación de fraude planteada por ARENA, cuando en cada mesa y en cada junta electoral estuvo presente con sus fiscales y observadores. Ilegítima es la acusación de fraude que realiza ARENA al ver que el resultado no le favoreció. Ilegítima es la acción de arena que ha iniciado un intento de desestabilización aprovechando el margen de diferencia alcanzado en el recuento de votos. Ilegitima es la acción de ARENA pretendiendo crea un clima de violencia en el hermano país. Ilegítima es la acción de ARENA pretendiendo usurpar la voluntad popular.


El FMLN y sus candidatos han ganado legal y legítimamente la elección. Esto les permitirá avanzar, por ejemplo, en la reducción de la pobreza, que en los cuatro años anteriores han logrado disminuirla en 11.3%, haciéndola pasar del 49% al 35.9%.

La insurrección de 1992 en Venezuela: una mirada desde Guatemala[1]

Por Mario Sosa

Sin duda alguna, el alzamiento militar encabezado por el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, un 4 de febrero de 1992, constituye un hecho trascendente. Trascendente porque quiebra el proceso venezolano y lo enrumba en una dirección radicalmente distinta a aquella por la cual venía transcurriendo desde la firma del Pacto del Punto Fijo (1958). Ese pacto, consistente en el acuerdo de los partidos políticos del régimen: Acción Democrática (AD, socialdemócrata), Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI, democrata-cristiano) y Unidad Republicana Democrática (URD, centro izquierda), cerró el proceso político al imponer un marco constitucional y de derecho bajo su control, a partir del cual co-gobernarían con base en un “programa de gobierno mínimo común” que no era otra cosa que la aplicación de las políticas gestadas desde la oligarquía local, la embajada estadounidense y los organismos financieros internacionales, y que se tradujo en la aplicación del saqueo y el expolio emanados de las políticas de ajuste estructural y neoliberales.

El hechos del 4 de febrero de 1992 fue la culminación de una etapa que venían gestando militares nacionalistas y revolucionarios, quienes desde el interior de las fuerzas armadas fueron articulando un movimiento político, en alianza con algunas organizaciones de carácter cívico. Este fue el punto de partida de un proceso que, con el liderazgo de Hugo Chávez Frías y la organización de una nueva fuerza política, el Movimiento Quinta República (MVR), pasa a una etapa sustancialmente superior con el triunfo electoral de 1998, cuyo acceso al control del gobierno abrió la posibilidad de iniciar la transformación del Estado y la sociedad venezolana.
Pero cuál era el contexto de ese hecho. Al respecto apuntaré algunos aspectos que me parecen relevantes.

La insurrección del 4 de febrero ocurre pocos años después de la caída del simbólico Muro de Berlín y el resquebrajamiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), con lo cual el Socialismo como proyecto histórico y como corriente política habría de experimentar uno de sus principales reveces. De hecho, se iniciaba un proceso de retraimiento y abandono ideológico, político y militar por organizaciones y partidos que pretendieron impulsarlo por distintas vías. En esas circunstancias, que fueron particularmente vividas en América Latina y en Guatemala, no esperábamos un movimiento político que, como sucedió poco tiempo después, se declaraba socialista.

Ese hecho ocurre, asimismo, en un momento histórico de América Latina, en el cual era hegemónico el neoliberalismo y los planes imperiales de Estados Unidos avanzaban a paso firme, con la complicidad sumisa de las oligarquías locales. Esto no obstante las resistencias sociales y políticas, como la representada en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que se revela por la vía armada en 1994, justo al momento de entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio firmado entre Estados Unidos (EEUU), Canadá y México, una modalidad de tratados que contienen políticas orientadas a imponer encadenamientos productivos, comerciales y legales para nuestros pueblos y Estados latinoamericanos. No obstante la pervivencia de la experiencia socialista cubana.

En particular, en Guatemala se sucedían dinámicas importantes. Una de ellas, la más relevante, era la conversión de un movimiento revolucionario en armas que, enrumbado en la búsqueda de la firma de acuerdos de paz como salida a la derrota militar, se convertiría en partido político institucional e institucionalista, interesado en la Agenda de los Acuerdos de Paz antes que en continuar la lucha revolucionaria por otras vías. En tanto esto sucedía, la fragmentación de los movimientos sociales se acentuaba y se profundizaba el distanciamiento entre las expresiones políticas y sociales que, en buena medida, antes formaban parte de una búsqueda y conducción política común. Estos y otros factores, hacían muy difícil la gestación de una nueva etapa de lucha revolucionaria o el enfrentamiento exitoso de las políticas neoliberales que se profundizaron justo después de la firma de la paz en 1996.

Vale decir que en Guatemala, las fuerzas democráticas y de izquierda en general –en la inmediatez– vimos la insurrección cívico militar de 1992 en Venezuela como un nuevo alzamiento militar, otro Golpe de Estado que se sucedía en América Latina, otro régimen militar que intentaba sustituir a un gobierno que resultaba insostenible para dar continuidad y hacer “gobernable” un país objeto de la aplicación de las políticas neoliberales. Es indudable que nuestro desconocimiento del carácter de dicha insurrección nos hacía perder de vista sus motivaciones reales, las cuales logramos constatar posteriormente. En específico, su motivación para: A) Quebrar el Pacto del Punto Fijo; B) Enfrentar las políticas de ajuste estructural y neoliberales que habían empobrecido aun más al pueblo venezolano y cuya consecuencia tuvo como momento cúspide tanto la rebelión popular como la represión de Estado, momento conocido como el Caracazo (febrero de 1989); C) El derrocamiento de la corrupción y las políticas antipopulares que desde sucesivos gobiernos, habían impulsado en función de los intereses oligárquicos locales y sumisos a los designios de EEUU y los organismos financieros internacionales; D) Erradicar el carácter servil y corrupto que igualmente dominaba al interior de las fuerzas armadas venezolanas; E) Recuperar los objetivos del pensamiento y la praxis bolivariana, que se veían como metas inconclusas en los albores del siglo XX, es decir, lograr la verdadera independencia de América Latina y construir la Patria Grande que guió la lucha de libertador Simón Bolívar.

Y cuáles fueron las implicaciones de esa insurrección histórica, encabezada por el Comandante Hugo Chavez Frías.

Como ya se afirmó, dicha insurrección fue el inicio de un punto de inflexión, que en Venezuela caminó por la conversión del líder de la insurrección en líder de la oposición popular, democrática y revolucionaria. Fue el inicio de un proceso de maduraciones que convierten al movimiento de la insurrección en un movimiento anti oligárquico, y sucesivamente en un movimiento anti imperialista y socialista. Fue el inicio de un conjunto de victorias y transformaciones políticas (como la Nueva Constitución Bolivariana, la gestación de una república soberana, digna y solidaria, la transformación del ejército), ideológicas (la recreación del ideal socialista enriquecido con el ideario bolivariano), sociales (la gestación de un amplio y heterogéneo movimiento político, asentado en la base de la sociedad venezolana) y económicas (desde nacionalizaciones hasta la recuperación de la soberanía económica) en la ahora República Bolivariana de Venezuela.

No obstante su carácter de insurrección militar y su fracaso inmediato en 1992, el hecho abrió la posibilidad histórica para la gestación de una vía política para la toma del poder, una vía distinta a la implementada por los movimientos revolucionarios de América Latina durante la segunda mitad del siglo XX[2]. Esta vía fue la electoral, como elección, como referéndum continuo, donde el protagonista colectivo, el pueblo venezolano, le fue dando al nuevo proyecto y su conducción política la legitimidad y la fuerza para sostenerse y avanzar en los cambios que se fueron concretando. Fue, además, la vía democrática para enfrentar a la oligarquía y sus distintas intentonas golpistas, como el Golpe de Estado del 2002, el sabotaje a PDVSA que se extendió hasta el 2003, y el actual intento por derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro.

Las implicaciones de la insurrección y lo que desata como proceso, tuvo además implicaciones históricas para el Estado venezolano. Con una Constitución Bolivariana profundamente democrática, se gesta un Estado soberano, que recupera el sentido de lo público, del bien común, que sustrae al Estado del control las organizaciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, de la oligarquía local y sus oficinas corporativas, y del control que ejercía EEUU sobre la política del Estado venezolano en general, tal el caso de la política petrolera.

Lo anterior fue esencial para que Venezuela empezara un camino de recuperación de sus bienes naturales y de desarrollo de sus fuerzas productivas, a través de políticas de nacionalización, transformación agraria, industrialización. Y, con ello, a salir de los flagelos de la pobreza y desigualdad. En este sentido es necesario recordar que en el primer semestre de 1997, durante el gobierno neoliberal de Rafael Caldera (último gobierno representativo del Pacto de Punto Fijo), la pobreza era de 55,6% y la pobreza extrema de 25,5%. El nuevo régimen bolivariano hizo descender esos indicadores al punto de bajar la pobreza al 26,5% y la extrema pobreza al 7% para el año 2011. Más allá, un año después, la pobreza se había reducido al 23,9%. Asimismo, hoy se sitúa como el país menos desigual de América Latina, con un coeficiente de Gini que se ubica en 0,39, diez dígitos menos que en 1997.

La insurrección de febrero de 1992, además, fue el inicio de un punto de inflexión en América Latina, siendo que dicho proceso confluye con otros que venían gestándose con sus propias dinámicas y liderazgos, como en Bolivia y Ecuador. Sin duda, aporta elementos de primer orden, como la recuperación recreada del pensamiento revolucionario bolivariano, sabiendo interpretar las tareas pendientes y gestando aplicaciones coherentes al momento, al contexto, al proceso que habría de enfrentar. El pensamiento bolivariano y socialista venezolano, así recreado, vino a enriquecer la matriz identitaria e ideológica de los movimientos revolucionarios en América Latina.

Históricamente, dicha insurrección ha tenido, asimismo, implicaciones en la expansión del proceso de rebeldía, insumisión e insurrección política que América Latina ha vivido durante las últimas dos décadas. El liderazgo del Comandante Hubo Chávez, como el de Fidel Castro Rus, ha sido fundamental en la gestación de un nuevo bloque de poder latinoamericano, que hoy transcurre con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Con esto se ha logrado mermar sustancialmente la hegemonía de EEUU y la Organización de Estados Americanos (OEA) ha recibido un duro golpe como organismo al servicio de los mandatos del imperio. Desde esta iniciativa, además, se han logrado gestar varias derrotas al imperio, la más significativa quizá está representada en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), proyecto expansionista más grande de EEUU, que pudo haber sumido a América Latina en la absoluta dependencia y dominio neocolonial. Además, como ha dicho Atilio Borón, el protagonismo del Comandante Hugo Chávez fue esencial para reconfigurar el mapa político de América Latina a partir de promover y hacer avanzar la unidad latinoamericana.

Los héroes bolivarianos que protagonizaron la insurrección armada en 1992, encabezados por su Comandante Hugo Chávez, nos enseñaron que para gestar una correlación de fuerzas distinta, se necesita una acción política trascendente capaz de articular política e ideológicamente hacia un mismo sendero revolucionario. Esa insurrección nos legó, además, a un político y una forma de hacer política sin tapujos, nombrando las cosas como son (“Aquí huele a azufre” como metáfora de política insumisa al imperio), sin las mediaciones de una diplomacia burguesa que se escondía y se esconde en lo políticamente correcto, que al final de cuentas es la obediencia al imperio y al capital. Nos legó un político y una política que se orienta a construir una cultura política popular, asentada en las causas de las grandes mayorías, en la democracia participativa, en los consejos populares, en la movilización social protagónica, en el sujeto pueblo.

Desde 1992, Hugo Chávez se convirtió en el fantasma que recorre América Latina, en el antagónico político, ideológico y económico de las oligarquías, de las burguesías, de los sistemas políticos del statu quo, e inclusive, de los partidos y organizaciones de izquierda acomodadas, desesperanzadas, proclives a volver los partidos comunistas en socialdemócratas, cuando no a su liquidación, y a los socialdemócratas en neoliberales o simplemente en marginales e inofensivos.

Sin duda, el proceso iniciado con la insurrección de 1992, que ha tenido fundamentales aciertos, aunque también errores y contradicciones –como lo han reconocido sus propios líderes–, seguirá nutriendo los procesos revolucionarios en América Latina, y su líder histórico, Hugo Chavez Frías, seguirá inspirando a movimientos y fuerzas políticas que propugnan por construir el Socialismo, que buscan derrotar al imperialismo (como fase capitalista y como ejercicio de poder del imperio estadounidense), por erradicar la desigualdad y el hambre que padecen nuestros pueblos.

Estamos a un año de la desaparición física del Comandante de la insurrección de 1992 en Venezuela. Y no obstante, podemos afirmar, que su legado es un ideal que recorre América Latina, y la seguirá recorriendo por muchos, muchos años. Es el ideal de Hugo Chávez Frías, cuyo comienzo histórico es –con precisión– la insurrección de 1992. Su entrega heroica y solidaria hasta sus últimas consecuencias, hace que Hugo Chávez Frías continúe vivo en la lucha de pueblo bolivariano de Venezuela, que enfrenta una nueva arremetida del imperialismo y de la burguesía local y regional.

En conclusión, la insurrección de 1992 es, sin duda, un hecho histórico cuyas consecuencias aún se gestan en Venezuela y en América Latina, en la búsqueda por lograr la justicia plena, la dignidad y la soberanía de nuestros pueblos, por lograr la verdadera independencia de Nuestra América en palabras de José Martí y por construir la Patria Grande que soñó con lucidez Simón Bolívar.




[1] Esta es una versión corregida y ampliada de mi ponencia al foro convocado por la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela para analizar este hecho histórico, realizado el 12 de febrero de 2014 en ciudad de Guatemala.
[2] En Guatemala, habrá que recordar, que producto de una insurrección cívica y militar en 1944, se inició un proceso democrático de carácter revolucionario, que fue truncado en 1954 con el golpe de Estado al gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán. A partir de ahí se inicia un proceso de represión generalizada en contra de la oposición popular y de izquierda, uno de los factores que explica que se asumiera la vía armada como forma de acceder al poder y gestar la transformación del país.

12 de febrero de 2014

GOLPE INSTITUCIONAL DE LA CORTE POLÍTICA DE CONSTITUCIONALIDAD EN GUATEMALA

Por Mario Sosa

Usualmente por Golpe de Estado entendemos aquella acción consistente en la toma del poder político de forma inconstitucional, por procedimientos anti democráticos, ajenos a la institucionalidad establecida para el relevo en la conducción política. En nuestro caso, el Golpe de Estado ha sido sinónimo de asonada militar, siempre con la venia del poder económico dominante y a veces hasta de la jerarquía católica y evangélica.

Para el caso que nos ocupa, en Guatemala asistimos es a un Golpe Institucional, a cargo de la Corte de Constitucionalidad (CC), en contra de otra institución autónoma del Estado: el Ministerio Público. Este Golpe Institucionalidad se realiza cuando la CC, con fecha 5 de febrero de 2014, emite un fallo preliminar que acorta el período de cuatro años para el que fue designada Claudia Paz y Paz, actual Fiscal General de la Nación.  Adicionalmente,  en este fallo preliminar, ordena al Congreso de la República la elección de la Comisión de Postulación, la cual tendría la tarea de iniciar el proceso de selección de sustituto. Es decir, la CC ordena acortar un período constitucionalmente establecido, con lo cual realiza un acto que atenta en contra de la autonomía –de carácter constitucional– del Ministerio Público.

Dicho Golpe Institucional, además de afectar la institucionalidad del Ministerio Público, atenta contra quien conduce dicha entidad, la reconocida abogada Claudia Paz y Paz. Paz y Paz ha tenido la virtud de lograr en tres años la recuperación de la autonomía de la Fiscalía y hacerla eficiente y eficaz en la persecución del delito en nuestro país, agobiado precisamente por el legado de violencia, corrupción y crimen de quienes históricamente han tenido la capacidad de dirigir, desde la escena o tras bambalinas, al Estado guatemalteco.

Más allá de esta implicación jurídica e institucional, es evidente como la Corte de Constitucionalidad emite, nuevamente, un fallo político dictado por sectores de poder económico y político. Aquellos que históricamente han determinado el destino del país, ya sea por la vía “democrática” o por la vía de la dictadura más sanguinaria, como aquella que registró su máxima expresión con la política contrainsurgente y genocida durante la segunda mitad del siglo XX.  El objetivo ha sido retomar el control del Ministerio Público, para garantizarse impunidad o, en su caso, la persecución judicial solamente en contra de aquellos que les resultan incómodos a sus objetivos de acumulación y dominio.

A propósito de este hecho, en mayo del año 2013 escribí un artículo titulado “Corte política de constitucionalidad en Guatemala”.  En éste hacía un análisis del carácter político que cumplía dicha Corte en el caso que retrotraía el juicio al genocida Ríos Montt, como una orden de quienes históricamente han tenido capacidad de veto en el país, es decir, la oligarquía, en este caso articulada en el Comité Coordinador de Asociación Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras –CACIF. Era claro como la condena por genocidio contra Ríos Mott, atentaba en contra del régimen político que, en su carácter contrainsurgente, garantizó el dominio de dicha oligarquía. Que aquellos que detentan el poder económico del país aceptaran dicho fallo, entonces, implicaba no solamente deslealtad hacia los militares que les sirvieron fielmente a riesgo de este tipo de juicios, sino también, abrir la posibilidad para que prominentes empresarios que hicieron parte de la estrategia genocida y procedentes de las familias más poderosas del país, fueran también juzgados por este u otros delitos relacionados.

Por ello no extraña este nuevo fallo de la Corte política de Constitucionalidad (CpC), que envuelto en un manto de falsa jurisprudencia, no ha dejado de tener críticos inclusive en constitucionalistas conservadores y defensores del llamado Estado de Derecho. Y es que los burdos y güisacheros argumentos de la CpC son cuestionables por su carácter inconstitucional y por sus consecuencias políticas e inconstitucionales.

No extraña tampoco como se fue tejiendo la mascarada. Desde el recurso de constitucionalidad interpuesto por Ricardo Sagastume (abogado corporativo y vinculado con estructuras contrainsurgentes articuladas en la Asociación de Veteranos Militares de Guatemala), pasando por un fallo de carácter preliminar en la cual, contradictoriamente, la CpC ordena iniciar proceso de selección de nuevo Fiscal, la negativa al recurso de revocatoria interpuesto por la Fiscal General de la Nación, hasta llegar al Congreso de la República (10 de febrero de 2014), donde los serviles y señalados políticos de siempre, ni lentos ni perezosos, abrieron cauce a la integración de la Comisión Postuladora. Y tal parece que este proceso no tiene vuelta atrás.

Es necesario recordar que la CpC, finalmente es parte de un andamiaje jurídico que al proceder de una Asamblea Nacional Constituyente en manos de la oligarquía y el ejército, fue pensada como un organismo investido de máximo órgano constitucional, encargado de avalar aquellas decisiones trascendentes orientadas a la defensa del statu quo. Por eso, antes que un ente jurídico, debe ser entendido como un ente político, cuya orientación se explica en la coyuntura política, en la correlación de fuerzas realmente existente en el país, que en este caso favorece al capital, a la burguesía, a la oligarquía en particular, a sus operadores políticos, a sus operadores contrainsurgentes, y a las mafias que devendrán en capitales “honorables” con el transcurrir del tiempo.

En el afán de defender a ultranza sus intereses económicos y políticos, y mantenerse en la impunidad, son capaces de ejecutar un Golpe Institucional y pasarse por al arco del triunfo las normas que instituyeron en la Constitución Política de la República de Guatemala de 1985, que tal parece está llegando a su término como ordenamiento jurídico del país.
http://alainet.org/active/71249

27 de diciembre de 2013

SALARIO DE HAMBRE DECRETÓ EL GOBIERNO DE GUATEMALA

Por Mario Sosa

Ayer fue dado a conocer la decisión del gobierno de aumentar el 5% del salario mínimo a la clase trabajadora más explotada. 

Esta decisión, como sabemos, forma parte de una política a través de la cual, quienes gobiernan, esconden la condenable explotación y sobreexplotación que sufre la clase trabajadora en el campo y la ciudad.  Eso es así cuando buena parte de los trabajadores no llegan a recibir ni siquiera el salario mínimo, siendo que los capitalistas implementan argucias como el pago a destajo, haciendo que los trabajadores y trabajadoras trabajen más de 8 horas para poder alcanzar un ingreso magro, que como sucede en las fincas, agronegocios y en negocios como los outsourcing (tercerización), en los cuales  además se obliga a trabajar en días festivos y sin el pago correspondiente por horas extras. Esto es aun más cruel en el caso de las trabajadoras y trabajadores de casa particular, y en el caso de miles de trabajadores que son condenados al trabajo temporal o de tiempo parcial, en los cuales se les niega toda prestación laboral.

En el 2014, quienes logren que les sea pagado el salario mínimo, ahora recibirán Q2 mil 530.34 al mes en el caso de los trabajadores agrícolas y no agrícolas, y Q2 mil 346.06 al mes quienes trabajan en la exportación y maquila.  Estos salarios provocan fundamentalmente indignación, siendo que no llegan a alcanzar siquiera la mitad del ingreso para garantizar la canasta básica vital, que para diciembre de este año alcanzará los Q5 mil 300 aproximadamente; es decir, aun faltarían Q2 mil 770  o más para que el salario tuviera una compensación que pudiera llamarse digna y correspondiente al trabajo intelectual y físico que todo trabajador y trabajadora despliega en su labor.

Mientras esto sucede con la clase trabajadora, empezaremos a ver las noticias sobre las exorbitantes ganancias que perciben los bancos, las fábricas, las fincas y agro negocios, las constructoras, los grandes comercios, los medios de difusión masiva (mal llamados de comunicación), los negocios educativos, la maquilas de distinto tipo y las empresas que se esconden bajo este rubro para evadir impuestos.  Sectores que como se sabe tienen inversión de grupos corporativos, locales y transnacionales, los cuales crecen de forma permanente, constante y sonante, y a su paso van dejando un saldo histórico de explotación, desigualdad y  miseria de nuestro pueblo.

Vale decir que dicha decisión se dio con la crítica u oposición de la representación de los trabajadores y de los capitalistas en la Comisión Nacional del Salario.

En el caso de la representación laboral, se conocieron las legítimas exigencias para que el aumento fuera mayor.  Pero como ha sido la tónica año tras año, una exigencia que no asume la necesidad de movilizar a las y los trabajadores, no solamente para lograr un aumento mayor al salario mínimo, sino también un aumento generalizado de los salarios.  Esta actitud, debiera ser objeto de autocrítica en las organizaciones sindicales y de presión desde las y los trabajadores que estamos muy mal representados. Necesitamos una renovación de las estrategias y de la dirigencia sindical. En tanto, las trabajadoras y trabajadores, debemos asumir con identidad de clase, una participación más activa y protagónica, consecuente con nosotros mismos y combativa frente a la clase explotadora.

Con relación a la representación del capital, de los llamados empresarios, su posición ha sido desde siempre oponerse al aumento al salario mínimo. La eterna cantaleta de los empresarios y sus comparsas, es que el aumento al salario hace que se pierdan empleos, desestimula su creación, estimula el trabajo informal, desincentiva la inversión, la competitividad y mil y más mentiras con sello empresarial-capitalista. Y es que, claro está, la plusvalía la obtienen con la explotación hacia las y los trabajadores, y compiten en el mercado internacional a partir de los salarios de hambre que pagan a la clase trabajadora en Guatemala. Y todavía osan llamarse emprendedores.


Patética la decisión de subir el salario en 5%, cuando se necesitaba un 100% de aumento, como mínimo.