Translate

14 de agosto de 2018

La disputa por la consulta comunitaria


Quienes están interesados en avanzar en un modelo exacerbado de explotación y expolio han intentado normar la consulta a los pueblos indígenas con el objetivo de viabilizar, principalmente, los proyectos mineros e hidroeléctricos. Esta pretensión ha sido una constante de los últimos gobiernos, pero con mayor énfasis del gobierno actual.

En la búsqueda de allanarles el camino a inversiones altamente rentables que extraen y utilizan bienes nacionales y comunes pagando una miseria, las empresas locales y transnacionales han desarrollado una estrategia con dos componentes principales.

El primero ha consistido en esfuerzos por lograr su aceptación o, en su defecto, por que se apliquen medidas represivas contra las comunidades y las dirigencias sociales que se resisten a tales proyectos. En este caso, las resistencias sociales han sido también consistentes: han creado un marco de crítica profunda y de legitimidad y han emprendido acciones políticas y jurídicas para detener u obstaculizar proyectos mineros e hidroeléctricos. Esto es así porque tales resistencias han basado su acción política y jurídica en la reivindicación de los derechos colectivos. Han logrado denunciar las presiones de las que han sido objeto por parte de empleados y operadores políticos de las empresas, entre ellos funcionarios gubernamentales, locales, regionales y nacionales. Todo ello, en un marco en el cual las resistencias han sido objeto de una política de criminalización y de persecución de líderes comunitarios y regionales, así como de amenazas, atentados a la integridad física, ejecuciones extrajudiciales y acciones represivas de fuerzas policiales, militares y paramilitares.

En el segundo componente, las empresas han dirigido acciones a los órganos judiciales y constitucionales para lograr resoluciones a su favor. Pese a las irregularidades y a los delitos cometidos por empresas y funcionarios en la concesión o ejecución de los proyectos, en casos como el del proyecto minero Progreso VII Derivada, ubicado en San José del Golfo y en San Pedro Ayampuc, este objetivo no ha sido logrado. En otros casos han conseguido avances altamente cuestionables por su argumentación jurídica, como sucedió con la resolución de la Corte de Constitucionalidad (CC) ante un recurso presentado contra las hidroeléctricas Oxec. En específico, aun cuando la CC argumentó a favor de los derechos de los pueblos indígenas, terminó resolviendo que los proyectos podían operar un años más y obligó a la realización de una consulta tutelada por el Ministerio de Energía y Minas, absolutamente interesada en la viabilidad de los proyectos empresariales. No contaron, eso sí, con la acción democrática de las comunidades q’eqchi’ de Cahabón, que autogestionaron su derecho a través de una Consulta de Buena Fe y se pronunciaron contundentemente contra dichos proyectos.

En los casos citados —como en otros—, la CC se ha orientado a favorecer los intereses de las empresas, de modo que finalmente resuelve a favor de estas o permite que se mantengan las posibilidades de que por vías alternas continúen vigentes las concesiones y las operaciones de exploración y explotación minera y los proyectos hidroeléctricos. En este marco, en casos como el de las hidroeléctricas Oxec, la CC se encuentra en un laberinto. Estaría constitucionalmente obligada a resolver finalmente a favor de las comunidades, pero las presiones empresariales son tantas que generan resoluciones cuestionables a favor de sus intereses o se retrasan a pesar de tal conminación.

Este segundo componente de acción empresarial se expresa, asimismo, en la pretensión de que se regule jurídicamente la consulta comunitaria ante la imposibilidad de obviar su obligatoriedad en cumplimiento del Convenio 169 de la OIT, que, entre otros, reconoce el derecho de los pueblos indígenas a ser consultados en materia de proyectos que pudieran afectarlos. De ese modo, se pretende que se norme este tipo de consultas. En esta línea se han pronunciado representaciones empresariales de distinto tipo: sus cámaras y fundaciones empresariales, partidos políticos, medios de difusión masiva, el Gobierno local e incluso el dominante Gobierno de Estados Unidos. Todos ellos pretenden que se formule y apruebe un reglamento en el cual la consulta quede tutelada por el Estado en su aplicación, se circunscriba solo a comunidades colindantes con cada proyecto y se implemente con un carácter puramente consultivo, no vinculante, dirigido a lograr finalmente la aprobación social de tales proyectos cuestionables.

En cualquier caso, las resistencias a estos proyectos extractivos se explica, entre otros aspectos, en el carácter de despojo y violencia con que estos han sido impuestos en territorios donde existen sujetos colectivos, como los pueblos indígenas, a quienes les asiste el derecho a ser consultados de forma previa, informada, libre y de buena fe. Lo previsible, entonces, es que tales proyectos sigan siendo cuestionados por razones fundamentales y, por consiguiente, generadores de confrontación y conflicto. En ese marco, la normativa de la consulta ha sido rechazada por la mayoría de las organizaciones y comunidades opuestas a este tipo de proyectos.

26 02 18

#YoNoSoyImpunidad

Cuando una estructura criminal logra controlar un organismo o institución del Estado, la entidad se orienta a facilitar las fechorías y el encubrimiento de los actos anómalos y criminales.

Esto fue lo que sucedió en el período 2012-2015, cuando la estructura criminal —conocida como La Línea— logró organizarse como Partido Patriota, ganó la elección a la presidencia y orientó el Organismo Ejecutivo al logro de sus fines. También ocurrió en el Legislativo y en algunos ámbitos del Organismo Judicial durante los gobiernos del Frente Republicano Guatemalteco (FRG, 2000-2004) y de la Unión Nacional de la Esperanza (UNE, 2008-2012), lo cual se evidencia con el caso Transurbano, en el cual resultan comprometidos un expresidente y exministros.

En la actualidad, estamos frente a una articulación política que sigue actuando en el Estado para hacer uso de la política y de los recursos públicos en beneficio de unos pocos, tal como ha sido denunciado y sobre lo cual existen evidencias. Esta articulación política ha sido denominada pacto de corrupción e impunidad.

Los hechos que evidencian la existencia de dicho pacto informan que este está integrado por empresarios y empresas, políticos y partidos políticos, militares (activos o en retiro), funcionarios, medios de comunicación masiva, fundaciones y organizaciones propiamente mafiosas y criminales, entre otros actores que han hecho uso ilícito de las instituciones, las políticas y los recursos públicos para enriquecerse, lograr ventajas competitivas en el mercado, aumentar las ganancias de sus empresas y perpetrar violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad durante el conflicto armado.

A pesar de que no todos los que integran este pacto —algunos convictos o prófugos en proceso de enjuiciamiento o de investigación criminal— están relacionados directamente, comparten el haberse involucrado en hechos ilícitos, anómalos e inconstitucionales al tiempo que integraban un bloque político cada vez más nutrido y fuerte, con presencia y control principalmente en los organismos Ejecutivo y Legislativo y en los más importantes Gobiernos municipales.

El objetivo de este pacto es enriquecerse a través de prácticas corruptas y garantizarse impunidad. Su estrategia es compleja e incluye varias acciones: a) entorpecimiento y reversión de los procesos judiciales en su contra; b) detención de los procesos de investigación criminal, lo cual pasa por lograr la salida del jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), pero también por poner fin a esta comisión y controlar finalmente la fiscalía general del Ministerio Público (MP); c) captura y control de instituciones públicas estratégicas como el Legislativo, dependencias como la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) y el Ministerio de Gobernación, donde han avanzado en su propósito, y d) aprobación de leyes que les beneficien y garanticen impunidad, como la modificación al Código Civil pretendida en septiembre de 2017 y la aprobación de leyes que criminalicen acciones de protesta social y limiten la libertad de emisión del pensamiento.

En este marco, es posible sospechar que el atentado contra la fiscal de Derechos Humanos ocurrido el 15 de febrero se trate de una acción para detener juicios e investigaciones en materia de violación de derechos humanos y de crímenes de lesa humanidad. Puede ser, asimismo, una amenaza velada a los funcionarios del MP y de la Cicig con el propósito de detener su labor, en especial en casos de alto impacto que han sido presentados ante tribunales o que podrían estar en proceso de indagación.

Así las cosas, el pacto de corrupción e impunidad tiene orígenes de larga data, pero emergió como tal en el 2015 y continúa avanzando en la actualidad. Su impacto se observa en materia de legislación y de políticas regresivas para facilitar el saqueo de los bienes comunes y la aplicación de medidas represivas. También se evidencia en avances en su propósito de entorpecer la labor de organismos a cargo de la investigación y el enjuiciamiento criminales.

Enfrentar dicho pacto requiere una acción decidida, organizada y articulada. Solo así se logrará detener su avance. En ese sentido, en este momento es esencial que dicha acción se oriente al sostenimiento y el desarrollo de los procesos de investigación y enjuiciamiento en marcha, así como a lograr una selección de un nuevo fiscal general del MP que no esté comprometido con ese pacto y cuente con la capacidad y la calidad ética indispensables para cumplir su mandato.

En www.plazapublica.com.gt
21/02/2018

19 de junio de 2018

El estado de la disputa política en Guatemala


El conjunto de casos investigados por el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), más allá de los hechos y procesos jurídicos que han desencadenado, evidencia dos factores de carácter estructural e histórico íntimamente relacionados que contribuyen a explicar el proceso económico, la dinámica y la disputa política en el país.

El primer factor se relaciona con el carácter del capitalismo. Estudios históricos y recientes han demostrado cómo la clase capitalista ha gestado un Estado para garantizar sus objetivos de acumulación de capital y la reproducción de su dominio. Esto lo ha hecho a través de la aprobación de leyes, la determinación de políticas y la implementación de diversos mecanismos y dispositivos jurídicos, políticos, económicos y extralegales para apropiarse de tierras, fuentes de agua, minerales y metales que constituyen bienes comunes, así como de recursos públicos a través de privatizaciones, concesiones y elusión y evasión fiscales, por ejemplo. Todo ello, operado a través de empresarios-políticos que han gobernado o cumplido funciones de alto nivel gubernamental y de operadores que han sido colocados en los organismos del Estado y que controlan el engranaje del sistema político. En esta dinámica también han participado y se han visto beneficiados pequeños y medianos empresarios, contrabandistas, evasores y funcionarios corruptos, que han operado por su cuenta y riesgo o íntimamente ligados con las principales articulaciones del poder económico. Esto constituye parte de lo que autores como David Harvey han denominado «acumulación por desposesión».

El segundo factor se relaciona con los intereses que configuran y articulan el sistema político. Estos intereses son a) la reproducción de las condiciones para la acumulación de capital, legal e ilegal, y b) el enriquecimiento ilícito de capitalistas y de quienes funcionan como sus operadores, muchos de ellos políticos que han hecho de la política partidaria una actividad rentista, de enriquecimiento personal. No obstante los fundamentos ideológicos y las ambiciones de poder de quienes controlan los partidos predominantes en el sistema político, su práctica ha estado regida por los intereses de acumulación de capital. Allí yace su carácter de empresas electorales, dirigidas a operar, intermediar, agregar y representar tales intereses, y a negar, combatir y criminalizar a los sujetos mayoritarios de la sociedad que no encuentran otro camino que luchar por su intereses, demandas y necesidades a través de la protesta y la movilización social.

Los factores antes descritos han quedado documentados en los casos desnudados por el MP y la Cicig. El caso Odebrecht, uno de los presentados más recientemente, evidencia el carácter corrupto de las relaciones entre la empresa transnacional, empresarios pertenecientes a uno de los principales grupos corporativos locales y un conjunto de operadores políticos de alto nivel que actuaron desde los partidos políticos para beneficiarse de una concesión fraudulenta para la construcción de una obra pública inconclusa. El caso revela cómo se gestó la relación ilegal que articuló políticos y partidos políticos aparentemente en disputa: PP, Líder, UNE, Reformador y FCN-Nación. Son estos políticos y empresarios los que se fueron trasladando a otros partidos y acomodándose en ellos en la medida en que avanzaron la crisis política y la contienda electoral en 2015 y ellos terminaron articulados en torno al partido y gobernante actuales, como sustento de la actual gestión gubernamental y legislativa. Su objetivo: lograr impunidad para empresarios, políticos y funcionarios capturados e investigados por corrupción y crimen durante los tres últimos períodos gubernamentales, incluido el actual.

Dado lo anterior, la articulación política gobernante es la continuidad del pacto de impunidad y de corrupción integrado por importantes grupos de la clase dominante, por buena parte de la llamada clase política y por mafias organizadas. En este momento, uno de sus propósitos es tomar todo organismo estatal para detener y revertir los procesos judiciales y de investigación en marcha. Esto explica la elección de la junta directiva del Congreso, la destitución del jefe de la SAT, el relevo de aquellos ministros gestores de la embajada de Estados Unidos interesados en el avance de la investigación criminal, la designación de un nuevo fiscal general afín y la eventual salida de la Cicig del país.

Esto es lo que configura en buena parte el estado actual de la disputa política. Quienes integran el pacto de impunidad y de corrupción están pujando por consolidar su fuerza y renegociar con Estados Unidos los términos para el avance del protectorado que cada vez más define al Estado guatemalteco y que se intenta consolidar a través del Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte.

https://www.plazapublica.com.gt/content/estado-de-la-disputa-politica-en-guatemala
29 01 2018

Arzú y el pacto de impunidad


El caso Caja de Pandora, presentado el 5 de octubre por el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), ha puesto en evidencia el involucramiento en hechos de corrupción de Álvaro Arzú, actual alcalde de la ciudad de Guatemala.

Arzú es uno de los personajes más representativos de la historia política reciente del país. Nació a la vida política en el Movimiento de Liberación Nacional, partido anticomunista que entre 1954 y 1996 dirigió la violencia criminal contra la oposición a través de escuadrones de la muerte. De 1986 a la fecha, Arzú ha controlado, de manera directa o indirecta, el Gobierno municipal de la ciudad de Guatemala. Siendo presidente de la república (1996-2000), firmó los acuerdos de paz con las fuerzas guerrilleras, desarrolló una política de privatización de empresas estatales y modificó varias leyes que constituyen la base de la actual fase de acumulación de capital por la vía del despojo y saqueo de los bienes públicos. Proveniente de una familia de la burguesía oligárquica de origen colonial, Arzú ha mantenido poder sobre diversas fuentes de enriquecimiento y el control político de la capital del país, su feudo político principal. Ha sido uno de los caudillos más importantes en la configuración del sistema político, actualmente en crisis.

Su participación en los hechos de corrupción denunciados devino en la solicitud de que se le retirara la inmunidad en su calidad de alcalde municipal. Esto se justifica en las evidencias que lo vinculan con hechos de peculado y de financiamiento ilícito por la existencia de plazas fantasmas y por el uso de recursos públicos municipales en su campaña electoral del 2015. De ser favorable esta solicitud, Arzú podría ser detenido y enjuiciado.

Más allá de lo anterior, el caso adquiere relevancia en el contexto de la actual crisis política que vive el país. Arzú constituye uno de los soportes del presidente Jimmy Morales, sobre quien pesan acusaciones de corrupción y varios procesos de antejuicio que podrían implicar su enjuiciamiento y eventual salida como gobernante. Es, asimismo, uno de los principales políticos que orquestaron una campaña para detener las investigaciones del MP y la Cicig. Su reacción podría significar que la disputa política contra estas instituciones de investigación criminal se agudice, pero en condiciones de desventaja para él y el mandatario.

El caso vincula al alcalde capitalino con otras figuras que forman parte del pacto de impunidad, que articula estructuras de empresarios, políticos, funcionarios públicos y mafias que unieron intereses en torno al gobierno de Jimmy Morales para defenderse de la amenaza de procesos de investigación judicial. Resalta entre ellos el excapitán del Ejército Byron Lima, a quien Arzú pagó con recursos municipales por la fabricación de productos de propaganda para su campaña electoral en 2015. Lima fue condenado por haber participado en el asesinato del obispo Juan José Gerardi en 1998, cuando pertenecía al Estado Mayor Presidencial del entonces presidente de la república Álvaro Arzú. Durante los hechos que se le imputan al alcalde capitalino, Lima dirigía desde la cárcel una estructura criminal con operaciones fuera y dentro del sistema carcelario en complicidad con funcionarios de alto rango, incluido el exministro de Gobernación Mauricio López Bonilla, quien integraba el gobierno del expresidente Otto Pérez Molina, ambos capturados por casos de corrupción y de crimen organizado. Lima fue asesinado en 2016 dentro de un centro carcelario.

Relacionados con Arzú y Lima en estos delitos aparecen un hermano de este último, su exconviviente y un grupo de abogados que han sido defensores de criminales, militares violadores de derechos humanos y genocidas que, además, integran la fuerza política del gobierno actual. Están vinculados, asimismo, a un grupo de exmilitares contrainsurgentes con quienes mantienen una campaña contra defensores de derechos humanos y contra el MP y la Cicig. Estos familiares y abogados vinculados con Arzú y Lima han sido capturados por estos hechos ilícitos denunciados.

El proceso de investigación contra Arzú constituye un duro golpe al pacto de impunidad de quienes controlan actualmente el Estado. Queda por ver si las cortes, elegidas con la influencia de estas redes delictivas, le darán protección al alcalde o facilitarán el proceso para su enjuiciamiento.

https://www.plazapublica.com.gt/content/arzu-y-el-pacto-de-impunidad
09 10 17