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6 de agosto de 2010

Del sujeto político en Guatemala: algunos retos para la construcción y articulación

Ponencia presentada en la IV Jornada de Estudios y Experiencias sobre Territorio, Poder y Política. Sujeto Político y Movimientos Sociales en Guatemala. CEDFOG, Huehuetenango, 18-20 de noviembre de 2009.


Mario Sosa
Coordinador de Organización y Movilización Política
Frente Popular

Es evidente que no hemos asimilado la derrota militar, política e ideológica, lo cual se debe, en buena medida a que no hemos logrado recuperar nuestra historia de lucha revolucionaria para establecer los aciertos y errores en su justa dimensión, como recuperación de experiencia y búsqueda de aprendizajes para la nueva etapa que significó pasar de la lucha armada como expresión militar-política para la transformación social a la lucha estrictamente política. Antes que eso, en lugar de ser creadores de una forma de impulsar la revolución por otros medios, nos convertimos en un movimiento institucional e institucionalista que abandonó los fundamentos teóricos y políticos, el proyecto histórico, los principios. Y hablamos de dichos fundamentos, no para hacer un calco a-histórico de ellos, sino para recrearlos, reconociendo aquellos elementos que con justificación o sin ella significaron concepciones y prácticas que en poco o nada tenían que ver con una coherencia revolucionaria, y para potenciar aquellos otros útiles y necesarios para enfrentar la nueva etapa de lucha.

Este proceso devino en una estrategia conservadora de enfrentar la lucha política, en donde las negociaciones tras telón y su fiel cumplimiento, llevaron no solamente a desmovilizar al movimiento social, sino a abandonar el esfuerzo por construir relaciones diferentes, basadas en la autonomía de las organizaciones sociopolíticas pero manteniendo una relación con base en un programa, una estrategia y un liderazgo renovado e incluyente, que permitiera la expresión y representación de aquellos sujetos que habían venido siendo construidos al fragor de la lucha campesina, indígena, sindical, feminista, de juventud, etc. No se supo valorar coherentemente esfuerzos como los generados en torno al FDNG, y contrariamente, hubo un empecinamiento en mantener estructuras de dirección que estaban dejando de contar con la legitimidad necesaria para conducir el proceso, no solamente por la irrupción de sujetos sino por la gestación de nuevos liderazgos.

En este marco, se articuló un proceso que por un lado las organizaciones sociopolíticas exigieron autonomía y la organización partidaria perdió su legitimidad, y por otro lado, el nuevo instrumento devino en una imposición de una concepción de unidad entendida como un decreto que haría desaparecer estructuras organizativas (las de las cuatro organizaciones revolucionarias), identidades y liderazgos, lo cual no solamente no sucedió sino se reprodujo al interior del partido de “la unidad”, que evadió la discusión política e ideológica interna a partir de la justificación de no poner en riesgo “la unidad”, y que pronto devino en abandonos y rompimientos cuyas consecuencias hoy son parte de la explicación de la fragmentación en la cual nos encontramos.

Pero todo este proceso se descentró. Una descentración que no llega a ser entendida, de tal manera que hoy encontramos esfuerzos para avanzar en la unidad de la izquierda con organismos centralizados, urbano-capitalinos, que en buena medida, atados en esquemas como el de separar “lo político” de “lo social”, obvian la necesidad de abrirse y constituirse, antes que en vanguardia imposible, en promotores de la necesaria articulación política de actores con diversas identidades, intereses, formas de organización y representación, bajo esquemas que, indudablemente, deben ser radicalmente distintos a los que nos marcaban los “cánones” revolucionarios de los años 60, 70 y 80, y alejados de las lógicas cortoplacistas, pragmáticas y pro-sistémicas de lo electoralista, que lo son en tanto devienen en una simple participación que avala la sustitución de una elites por otras en el ejercicio de gobierno y nos mantienen en la marginalidad política tratándose de lo electoral mismo. Pero esa descentración significó, asimismo, un camino de abandono del proyecto político y el asentamiento de identidades específicas, que hoy parecieran avanzar muy lentamente pero aportando valiosas luchas y aprendizajes, hacia una recuperación de la necesaria articulación y unidad.
Avanzar en ese camino, dando saltos importantes pero sin perder sustancias, se nos plantean retos que exigen fundamentación, debate y construcción en el ámbito de los discursos, relaciones y luchas en las que estamos comprometidos y comprometidas.

Algunos de estos retos que proponemos considerar son:

A partir del reconocimiento de actores y sujetos específicos, repensar el sujeto revolucionario, que además de recuperar la alternativa al capitalismo y por consiguiente recuperar la concepción de clase, como mínimo debe considerar que su integración actuante y protagónica debe ser multiforme y multiidentitaria, y por consiguiente con concreciones que contengan representatividad de tales sujetos específicos.

Articular a partir de las propuestas de los múltiples actores y sujetos específicos, una propuesta de programa político y de proyecto histórico –que proponemos sea el Socialismo-, que recoja coherentemente las reivindicaciones, derechos, demandas y propuestas que permitan idear un nuevo Estado y una nueva comunidad de comunidades (seguramente como unidad de pueblos), con relaciones sociales basadas en la apropiación colectiva, en la dignidad, la solidaridad, la justicia, la equidad, la soberanía, entre otros principios que obviamente debemos llevarlos a la práctica desde al ahora. Esto pasa por trascender el pragmatismo o el minimalismo que más que hacernos avanzar se nos han convertido en parámetros de estancamiento, sin perspectiva y proyección histórica. Esto para nosotros es la recuperación creadora del proyecto histórico y al programa de la revolución.

Coherentemente con lo anterior, idear una estrategia revolucionaria en donde dimensionemos o redimensionemos las formas de lucha. Esto desde nuestra perspectiva pasa por repensar el papel de lo electoral; por articular una estrategia que incluya la construcción de nuevo poder, la potenciación de los poderes con los que ya contamos, y por la necesaria toma del poder del Estado; por replantearnos las formas de articulación, que a la luz del proceso actual, pareciera ser más coherente hacerlo desde los territorio y los sujetos que se desarrollan desde ahí; por recuperar prácticas de formación (de reeducación política diría uno de nuestros compañeros), esfuerzos de organización y articulación, y movilización reconociendo los ámbitos donde nos estamos jugando nuestro presente y futuro que siempre –y así debiéramos comprenderlo- es compartido; por impulsar la lucha económica, política e ideológica; por fortalecer la resistencia pero haciéndola trascender en dirección a construir al sujeto revolucionario, avanzar en su programa y estrategia, que recupere su carácter ofensivo; por enlazar nuestras luchas a los procesos emancipatorios que se están dando en América Latina y en donde resulta necesario pensar en la Patria Grande de Bolívar y Nuestra América en palabras de Martí. Estos y otros aspectos formarían parte de lo que nosotros llamamos la recuperación creadora de la estrategia revolucionaria.

La recuperación de la teoría revolucionaria, donde incluimos el marxismo como cimiento, pero sin dogmatismo y recreándolo a partir de nuestros contextos y procesos, abriéndonos a aportes que desde otras matrices de pensamiento revolucionario, nos aportan elementos para pensar y repensar nuestras realidades y nuestras luchas por la transformación radical. Es necesario, pues, recuperar la teoría, los ideales y las luchas revolucionarias que se han desarrollado en Guatemala, en Latinoamérica y el mundo, y que nos pueden permitir liberarnos de todo tipo de yugos. Así, pensamiento marxista, bolivariano, martiano, morazanista, sumado a los aportes liberadores de otras matrices de pensamiento y conocimiento como el de los pueblos indígenas, debieran constituir nuestras fuentes.

La construcción de una cultura popular revolucionaria, que destierre aquella cultura de derecha y conservadora que subsiste dentro de nuestras organizaciones y movimientos y que se expresa en: jerarquización, machismo, racismo; la incomunicación y el chisme como eje de “comunicación”, entendimiento y relación con el Otro; el clientelismo y el electoralismo; el pragmatismo y la falta de vigencia de principios; la sumisión; la corrupción y la cooptación; el autoritarismo; la falta de debate serio y fraternal; la priorización del conflicto con mi hermano o mi aliado, por sobre la lucha frente a nuestros enemigos, etc. Contrariamente, que potencie, construya o reconstruya una cultura política basada en principios y valores que se centren en el Ser Humano, en relaciones dialógicas, en el intercambio de saberes, experiencias y sueños, en la recuperación de nuestra memoria y perspectiva histórica que potencie nuestras prácticas y acciones de hoy, con todas sus posibilidades y limitaciones; en el reconocimiento de identidades y sujetos de cambio, donde los liderazgos y dirigencias surjan del fragor de las luchas y no de imposiciones verticalistas, donde nuestras búsquedas de transformación abarquen el ámbito de lo política y no solamente de la política.

Estas son algunas ideas que proponemos para su discusión y debate y que indudablemente no agotan y mas bien complementan los aportes que desde todas y todos, desde nuestros conocimientos, saberes, experiencias y aportes, podemos agregar y continuar este esfuerzo que ya es de articulación y que ojalá trascendiera a prácticas y luchas unitarias antes que a desencuentros innecesarios.

ALGUNAS FUENTES UTILIZADAS

1. Frente Popular (2009). Programa político. I Congreso Político Nacional, 27 de junio de 2009, Guatemala.
2. Sosa, Mario (2008). Régimen y cultura política: un ensayo introductorio. En Lo político y la política. Una mirada desde la antropología. Guatemala: ASOGAP.
3. __________ (2007) Movimientos sociales: retos para su construcción. Documentos para la formación política. Escuela de Formación Política “Alfonso Bauer Paiz y Carlos Paz Tejada”, Guatemala.

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